Álvaro Neil, el asturiano que está en su quinto año en la vuelta al mundo, quedó impresionado con Camboya, «un país con muchos niños trabajando»
Articulo publicado en La Nueva España (31-03-2010)
Gijón, J. E. CIMA
Álvaro Neil, el biciclown asturiano que lleva 1960 días en su vuelta al mundo en bicicleta, ya está en Hoi An (Vietnam), tras recorrer 58 país y cubrir 75.000 kilómetros. En los últimos 3 meses pasó por Tailandia y Camboya y para el verano espera llegar a China, tras pasar por Laos y Hanoi. LA NUEVA ESPAÑA contactó con el ovetense cuando «estoy durmiendo en la tienda de campaña bajo las estrellas y ya voy camino de las 2.000 noches en esas mismas circunstancias».
Tras su paso por Camboya, considera este país como «un país muy pobre donde hay muchos niños trabajando. No tiene nada que ver con Tailandia; más bien parece África. Tenía comprometido con Héctor Rifá, que es profesor en la Universidad de Oviedo y que lleva la ONG Psicólogos sin fronteras en Asturias, hacer mi espectáculo de payaso en Ratanaki y me costó mucho llegar a ese pueblo indígena». 
Fueron 130 últimos kilómetros de un camino de selva de arena y con bastante tráfico. Según Álvaro Neil tenía polvo «hasta en la retina. Actué ante 250 indígenas, 25 gallinas y 45 cerdos. Los niños nunca habían visto un payaso y al principio se marchaban horrorizados. Me costó ganármelos, pero al final me pedían más y logré buenas sonrisas. Se nos hizo de noche y estábamos en situación precaria con un generador para tres bombillas de 220 watios. Pero había que hacer felices a esa comunidad de mujeres indígenas y fue una buena causa».
Este aventurero del Principado pasa dificultades, como le sucedió para ir a Hoi An, en Vietnam, porque «tenía un mapa muy malo donde no aparecen esos pueblos y llevaba cinco días perdido porque no hay internet. Así que me iba orientado por el paso del letrero de algún autocar. El problema es que desde Camboya pasé por una frontera muy secundaria y sin infraestructuras, que estaba a 1.100 metros de altitud y con 47 grados de calor que me destrozaba. Y como no conoces los sitios, cuando vas subiendo a 6 km/h ora con los 80 kilos de la bici, no sabes qué habrá arriba. Tienes que ir preocupado de no quedarse sin agua. A un policía le tuve que robar un poco, mientras se despistó durmiendo».
Sin embargo por la noche, en su tienda de campaña, aguantó una fuerte tormenta de lluvia de dos horas. Álvaro reconoce que «todo eso estropeó mis planes de viajar en bici desde las seis de la mañana hasta el mediodía porque la tienda estaba empapada por fuera. Menos mal que es buena y aguanta, pero tuve que esperar a que saliera el sol y la secara para poder guardarla y arrancar en bici».
Otro de los grandes problemas que tuvo en su tránsito por Camboya fue el buscar sitio para dormir. El biciclown señala que «quedan muchos restos de minas de la guerra y apenas me separaba unos metros de la carretera. Buscaba aparcar donde hubiera animales porque de tanto pisotear seguro que ya no corría riesgo de que me volara un bomba».
Lo mejor fue cuando el asturiano pudo «dormir en templos budistas o acampé otra noche en la orilla del río Mekong, el octavo más largo del mundo, y aproveché para bañarme. Luego está el tema de carreteras que te crispa porque te pitan a tope desde los vehículos. Y después de 8 meses y 12.000 kilómetros tuve un pinchazo, pero al querer arreglarlo se había secado el pegamento de tanto calor y no usarlo. Tuve que buscar una cámara y me costó mucho porque estaba en el fondo del saco. Fue una locura con ese calor sacar todo y encontrarla. Luego está lo de comer, que por aquí solo lo hago en donde veo perros por el comedor porque sé que así no estarán en la pota. Como a base de mucho arroz y sopa de fideos».
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